12 abril 2006

Una mujer impresionante...M Jose Sirera

MARÍA JOSÉ SIRERA
FIDELIDAD EN LA SOLEDAD



“Son hombres sin duda, seres humanos habitantes de nuestro mundo, nuestro mismo mundo y de otro ya al par; corona de la condición humana que al quedarse sólo con lo esencial de ella, en su identidad invulnerable, se aparecen como criaturas de las aguas misteriosas de la creación a salvo de las amenazas del medio y de la desposesión del propio ser”. María Zambrano. “Los Bienaventurados”.

Jua“Si vosotros sois fieles al mensaje mío, sois de verdad mis discípulos, conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” Evangelio de n 8 I 31.


Como dice José María Díaz Moreno S.J., refiriéndose a los escritos de María José Sirera Oliag: “Quizás no hay mejor argumento de que Dios no se ha marchado de la historia, que entrar en contacto con estas almas, transidas y transcendidas por Dios mismo”.
Vivió apasionada por Cristo y para ella: “Dios en el hombre es Cristo”, es decir la encarnación de lo trascendente en lo humano, lo que para María José implica un compromiso ineludible de solidaridad, no hay indiferencia posible.
Todos la recordamos luminosa, sonriente, generosa y plena, también como una mujer de carácter fuerte, al que enervaban la estupidez y la injusticia. Con sentido del humor aunque le cayeran los lagrimones. Como cuando poco antes de morir, recién salida de la dolorosa experiencia y soledad de la UVI, escribe en su diario: “Aunque yo siempre te percibo Señor como Cercanía, Ternura, Don, Gracia ¿no te habrás pasado en esta última prueba?...”
En un mundo en que muchos dejan su responsabilidad espiritual en manos de otros y permiten que esos otros, no siempre los más honestos, decidan por ellos, María José se arriesga a penetrar en su propia conciencia, a escucharla, a ver claro a partir de ella. Es su conciencia la que la ilumina, la que más que luz exterior es manantial interior.
Lo que informó su propia vida es el compromiso, como cristiana, con la realización o continuación de la obra de Cristo en la Tierra, del Reino de Dios en la Historia: una obra de liberación, de justicia, de fraternidad, de amor.
Evoluciona desde una obediencia a las superioras de su Instituto y a su director espiritual, hasta la fidelidad a su conciencia, “a las razones que con fuerza se presentan constantemente en mi espíritu ante Dios”. “Yo no puedo vivir sin hacer oración, es mi vida profundamente. Pero no puedo hacer oración (toda la vida no son palabras) y a la vez vivir así y aquí. En esto estriba el problema”.
Es esa fidelidad la que la hace libre, y también la que la conduce a la soledad. Vive la experiencia de la evolución que va desde la soledad en grupo a la soledad en libertad, a la más desnuda de las soledades: la soledad que purifica. Y más adelante no claudicará ante el ambiente que le rodea y como militante del PSOE tampoco perderá su libertad, porque no utiliza al partido sino que, desde él, se pone al servicio de los más débiles.
Y esa purificación la hace a su vez más libre y lúcida. En diciembre de 1977 escribe a Mercedes Vilanova: “Los mejores años de nuestra vida se quemaron: objetivamente es así, aunque subjetivamente yo no renuncio ni me arrepiento de nada. Todo lo he vivido intensamente con el corazón abierto y para mí la fe es sin desconfianza, como dice Pablo. Las pérdidas son ganancias. Algunas, te hablo ahora de lo afectivo y lo sexual, han sido terribles amputaciones. Si depende de mí, y aunque no dependa procuraré luchar, eso nunca más. No quiero que se produzca más en nombre de nada. Desde luego nunca más en nombre de Dios”.
Y poco antes de morir en su poesía “13 de marzo de 1982” escribe:

…Y LUEGO VI QUE SOBREVIVÍA
Y LUEGO VOLVÍ A MIRARLO TODO CON LAS LÁGRIMAS
LLENAS DE AMOR QUE SOLO POSEEN
QUIENES LLEGARON A LA FRONTERA
Y OBTUVIERON UN PASAPORTE PARA REGRESAR.
AHORA SÉ QUE TODO VALE MUCHO Y NADA.
QUE SOMOS ENORMES Y DIMINUTOS.
QUE LA MUERTE LLEGA Y ES DESTRUCCIÓN, Y TAMBIÉN GLORIA.

INFANCIA

María José Sirera Oliag nació en Valencia el 19 de Septiembre de 1934, en una conocida familia de buena posición económica y social. Su padre era Ingeniero de Caminos, y su madre, hija de un Alcalde de la ciudad, Luis Oliag, una mujer elegante y refinada, ambos de fuertes convicciones católicas. Fue la segunda de cuatro hermanos, formando en aquellos momentos una familia alegre y bulliciosa.
Fue alumna excepcional de Colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón de Valencia, donde sobresalió por su simpatía y por sus excelentes calificaciones, tanto en las asignaturas de Ciencias como en las de Letras, para asombro de sus profesoras.
UNA NOVICIA ATÍPICA. 1952-1955.

Desde muy jovencita sintió la llamada de una entrega total a Dios y decidió hacerse religiosa del Instituto de su Colegio, las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. No obstante, a instancias de su padre, hubo de esperar a cumplir los dieciocho años, y comenzar sus estudios en la Universidad de Valencia, donde pasó el primer curso de Filosofía y Letras.
Entra en el Noviciado del Instituto de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, en Pamplona el 26 de Octubre de 1952, a los dieciocho años recién cumplidos. Ella una valenciana alegre y mediterránea, de personalidad desbordante, llega a Pamplona entrado el otoño. En su momento era la novicia más joven. El Noviciado un caserón rodeado de cipreses. El frío le impacta y afecta. El ambiente es de sacrificios, aislamiento y mala alimentación. Aún así María José manifiesta una alegría desbordante, sus risas eran célebres en el Noviciado, no es una novicia convencional de ojos bajos y movimientos contenidos. Nunca pierde su naturalidad ni sus andares bamboleantes. Una sonrisa que le ilumina los ojos sorprenderá y animará a otras novicias. Sin embargo siempre cumplió fielmente el espíritu de las reglas.
La entrada en el Instituto la hace consciente del sacrificio personal que ello representaba y con la determinación de hacerse santa. La víspera de entrar le escribe a su íntima amiga y compañera de clase en las Esclavas: “Quisiera decirte en estos días lo que siento, pero bien puedes figurártelo. El corazón se hace pedazos y parece que no va a poder resistir la pena de la separación. Te pido que ruegues mucho por mí, para que todo lo sufra y lo pase y me haga santa. Importa poco lo que cueste, pero pide fuerzas para mí...”
El espíritu que anima esta carta es el mismo que le animará siempre, el mismo que le anima cuando sale del Instituto, cuando lucha por la justicia en el Picarral, y en la soledad de los últimos años de su vida.
No obstante las cartas de María José a su familia durante este período son siempre de aliento, consolándoles de su separación. Son especialmente íntimas las que escribe a su padre, por el que sentía adoración, y las que dirige a su hermano Javier, el que le seguía en edad y al que estuvo siempre muy unida. A éste le escribe: “Sí te digo la verdad y en serio, que yo no me aburro nada: nada menos que tengo que hacerme”santita” y cada día se aprende un poco, se van comprendiendo mejor las cosa, y como dice papá Dios va dando caramelos... y con eso no se puede aburrir uno”. Ciertamente durante toda su vida irá recibiendo esos “caramelos”, esas vivencias, esos grandes consuelos espirituales.
UNA INTELECTUAL CON CONCIENCIA SOCIAL.1955-1959.

Tras dos años y medio en el Noviciado hará sus Primeros Votos en abril de 1955 y es destinada por el Instituto a Barcelona para continuar la carrera de Filosofía y Letras. Era el curso académico de 1955-1956, el patio de Letras un hervidero de inquietudes y María José una monja de las Esclavas del Sagrado Corazón, casi recién salida del Noviciado, con un pesado hábito y una sonrisa inolvidable.
Estos cuatro años de estudios en Barcelona fueron para María José fecundos, de maduración, le pusieron en contacto con una realidad que ella desconocía hasta entonces. Este despertar le llegó en parte por el entorno que encontró en la Universidad, entre otras cosa asistió a una conferencia de Alfonso Comín que habló de la lucha obrera, pero lo que también le conmovió en profundidad fue la investigación que para su tesina de Licenciatura hizo sobre lo que había sido el mundo obrero en la ciudad. En este trabajo estudia la forma de vida, vivienda, presupuestos, gastos, enfermedades, instrucción y huelgas del obrero barcelonés, de una Barcelona de principios del siglo XX, en expansión, con una burguesía dinámica y pujante, a pesar de ser años de crisis. Tras el descalabro de 1898, es la Barcelona de Gaudí, del Paseo de Gracia, de lo mejor del Eixample, del Liceu..., y de la Semana Trágica, e investiga asimismo la respuesta a estos problemas sociales de las instituciones y de la sociedad.
El 13 de junio de 1959 acaba la carrera y obtiene la Licenciatura con su tesina “Obreros en Barcelona. 1900-1910” con la calificación de “sobresaliente por unanimidad”. Trabajo de extraordinaria calidad, es un modelo de investigación, citado en muchas obras ya clásicas y altamente considerado en el Departamento de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona, ganó diez años más tarde el segundo premio Cusí del Ayuntamiento de Barcelona el 29 de setiembre de 1969. En 1992 la revista Historia y Fuente Oral lo publica en su mayor parte, constituyéndose en homenaje a María José Sirera Oliag a los diez años de su muerte.
María José en 1978, casi veinte años más tarde, escribirá en uno de sus curriculums: “Este trabajo marcó fuertemente el último año de carrera e incluso mi vida posterior. Por un lado, enseñándome un modo de hacer Historia y unas técnicas de trabajo. Por otro, manifestándome a través de esta vía científica, una realidad social que yo conocía poco, y haciéndome pensar- por comparación con el presente- en los problemas que tenía planteado mi país. Mi postura fue desde entonces la que se expresa- con vaguedad pero con fuerza- en la frase de A. Goes con que cierro la tesina: “QUAND J’AI VU TOUTE CETTE MISÈRE DEVANT MOI, J’AI TOUT DE SUITE COMPRIS DE QUEL CÔTÉ IL FALLAIT ÊTRE” (Cuando ví toda esa miseria ante mí, rápidamente comprendí de que lado había que estar).
A partir de este trabajo de investigación histórica guardará en su corazón una gran inquietud social y un permanente sentimiento de solidaridad con los más pobres, un especial interés por la mujer trabajadora, desfavorecida entre los desfavorecidos y trabajará, siempre que esté a su alcance, en la creación de centros para la formación de la mujer, de ayuda a minusválidos y de guarderías para las clases más necesitadas. Dos tipos de obras, estos últimos, que significan un apoyo imprescindible para liberar a las mujeres de unas tareas que recaen con todo su peso sobre ellas e impiden su formación o cualquier otra clase de trabajo y remuneración.
Mercedes Vilanova, hoy catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Barcelona, dice: “María José fue una historiadora comprometida con su objeto de estudio y a los veinticinco años escribió su obra maestra, me refiero a su tesina de Licenciatura titulada “Obreros en Barcelona 1900-1910”, trabajo que según ella misma ha afirmado marcó toda su vida posterior. Donde más claramente afirma la influencia de sus años universitarios es en su petición de dispensa de votos. En este escrito dice textualmente: “Al poco de hacer sus votos temporales- los hizo en 1955- en contacto con la vida universitaria de Barcelona, sintió de una manera muy viva la misión de la Iglesia frente a los problemas del mundo, y singularmente conoció mejor los problemas sociales, que hizo objeto de particular estudio.” María José vivió la vida universitaria sobretodo a través de nuestra amistad. En la Sección de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras éramos pocos alumnos, en nuestro curso éramos solo catorce. María José compartía todas nuestras inquietudes y a través de nosotras se aproximaba con simpatía a los problemas sociales y a la clandestinidad.
Más adelante en el mismo escrito se refiere a la influencia que en ella tuvo la obra de los Hermanos de Jesús del P. Carlos de Foucauld. También fue nuestro pequeño grupo de seglares que nos reuníamos, a veces en la capilla de la universidad, en nombre de la espiritualidad de los “petits frères” lo que le influyó a María José hasta el punto de pensar ser uno de ellos. En la introducción a su tesina María José a los veinticinco años presiente ya lo que quiere hacer en El Picarral.
Fue, sin duda, alumna aventajada de Vicens Vives uno de los grandes historiadores de este país. Durante la década de los cincuenta Vicens optó por introducir la estadística en la historiografía española y esa fue una metodología que ella nunca abandonó. En la introducción de su trabajo sobre la Barcelona de la primera década del siglo XX ella escoge la estadística porque “es la que le va a dar la estructura para acercarse al vivir, al pensamiento y a la acción del obrero barcelonés.”
En aquel octubre de 1955 fue cuando Mercedes Vilanova y yo la conocimos. Es curioso, pero no sabemos cómo pronto conectamos. Fuimos compañeras y amigas durante cuatro intensos años. Ella tenía entonces veintiún años, cursábamos el segundo año de carrera en la Universidad de Barcelona, escogiendo al siguiente, acabados los cursos comunes, la especialidad de Historia.
Recordamos claramente su capacidad de síntesis, sus apuntes eran clarísimos, completos y siempre a nuestra disposición. Nos gustaba estar con ella, nos escuchaba, se interesaba por todo, su sonrisa y sus palabras siempre eran un apoyo en la especie de vorágine que fueron aquellos años. Una sonrisa especial, que sin palabras pedía, exigía, que surgiera lo mejor de nosotros mismos. Estando con ella no había lugar para la frivolidad.
TRABAJO, ENTREGA Y ACEPTACIÓN EN LA ORACIÓN. (1959-1968)

El curso 1959-1960 lo pasa en Roma preparándose para hacer los Votos Perpetuos como Esclava del Sagrado Corazón de Jesús. María José, impactada por el problema social, antes de hacer los votos se plantea abandonar el Instituto de las Esclavas para hacerse Hermanita de Foucauld, y poder así trabajar con los más pobres; pero fue disuadida de ello por un consejero espiritual y por sus Superioras, que le prometieron que desde el Instituto también lo podría hacer. Hace pues sus Votos Perpetuos el 15 de agosto de 1960 en La Coruña.
A pesar de ello es destinada a Valencia, su ciudad natal y familiar, donde estará tres años dedicada a la enseñanza de alumnas de niveles socioeconómicos altos y medio-altos.
A ello siguió en Valladolid, en 1963, la dirección de la oficina de Pastoral Vocacional, para promover el ingreso de nuevos miembros en el Instituto, y de otra de orientación profesional para jóvenes, escribe folletos para educadores, padres y jóvenes, y un pequeño libro acerca de las nuevas profesiones. A la vez dirigía ediciones de la revista “Sígueme” de Pastoral Vocacional y escribía en publicaciones del Instituto como “A.C.I”. y “Rutas”.
Durante los veranos asistía en La Coruña a los cursos de Estudios Teológicos que se impartían en el Instituto Lux Vera, que otorgaban el título de profesor de religión, titulación que María José obtiene en 1965. Durante uno de estos cursos, en agosto de 1963, le escribe a sus padres: “ Yo llevo unos días de gran trabajo, casi de agobio si no fuera por la paz y el buen humor que siempre Dios me da- gracias a Él-, un trabajo tomado alegre y voluntariamente en favor de los demás y por el reino de Dios, es decir un trabajo humanamente poco explicable quizá, cuando se toma no como deporte sino poniendo en ello la vida, con la misma o más intensidad que si de ello dependiera el pan de unos críos que sólo me tuvieran a mí.”.
A finales de 1963 recibió órdenes de sus Superioras de empezar su tesis Doctoral que presentará en noviembre de 1967 en la Universidad de Barcelona, dirigida por el Dr. Vázquez de Prada. Se titula “Condicionamientos socioeconómicos de las enseñanzas secundarias en España 1939-1960”. Para su preparación, además de recorrer gran parte de España, tomó contacto con casi todos los fondos estadísticos existentes. y volverá a utilizar profusamente la estadística. Se doctora el 28 de noviembre con la calificación “sobresaliente cum laude”.
Simultáneamente a la preparación de la tesis, y de nuevo en Valencia, en colaboración con antiguas alumnas de Colegio, inició el “Centro Santa Fe”, escuela para disminuidos físicos pobres, que ha funcionado durante muchos años en esa ciudad; se ocupó también de promover una guardería en Fuente del Jarro en Paterna y una escuela en San José de Manises, ambas barriadas obreras.
Fueron años de intenso trabajo y de cargos de confianza en el Instituto, como encargada de Pastoral Vocacional, pero esencialmente fueron para María José años de gran crecimiento y madurez espiritual. De vivas experiencias interiores. En Semana Santa de 1962 escribe en oración:
“Veo más claro que nunca el ideal de mi vida religiosa y de toda mi vida. En el cauce de la voluntad de Dios, REDIMIR con Jesucristo. Y para esto identificarme con Él imitando sobretodo su amor a los abandonados, su vida de pobreza y martirio. Dios mío que yo me entregue a ti, identifícame con Jesús, dame los sufrimientos y humillaciones de Jesucristo. Dios mío, hazme capaz.”
En esos momentos María José tenía 27 años, hacía casi 10 que había entrado en el noviciado y le quedaban veinte de vida.
A partir de ahí va perdiendo cuanto le es más querido: su adorado padre, que pronto enfermará y morirá dos años más tarde, su propia salud, su hermano Javier tan entrañable para ella, luego la unión familiar, amigos, prestigio...Y se le va exigiendo más y más sacrificio personal, casi sin concedérsele una tregua.
En 1963 publica en “ACI” el artículo “¿Aceptas?” acerca de la libre respuesta del hombre a la invitación de Dios, en que nos desvela en parte su actitud ante la apremiante y viva llamada de su conciencia a la generosidad, la solidaridad, el Amor: “Nadie como Cristo brinda constante y lealmente a los hombres esa palabra de infinito respeto: ¿aceptas? Pero somos nosotros los que decidimos. Consentimos o no, y así vamos labrando en parte nuestro camino”.
Su correspondencia familiar, en esta época cambia de tono sin dejar de estar llena de ternura, amor, preocupación por el día a día familiar que se va cargando de problemas.
En agosto de 1963 escribe a sus padres desde La Coruña: “todo esto me hace pensar mucho, pensar bañada en un profundo sentimiento de gratitud a Dios, y en un descanso que no sé si me engaño, pero para mí solo tiene una palabra: entrega. Entrega en la voluntad y en el plan de Dios, trabajar para Él, luchar, sufrir para Él, y en esta vida y en la otra alegrarme con Él.
Estoy probando una cosa nueva en cierto modo: la responsabilidad. Y es una verdadera esclavitud y un peso. Sin embargo no es posible eludirla. Pero voy siendo cada vez más comprensiva y abierta, más “liberal” diría tío Luis (hermano de su madre), para juzgar las mil caras de los hombres y las cosas. Creo que al final de la vida, se entiende el consejo de Cristo de no juzgar nada y amarlo todo”.
Y en noviembre del mismo año: “ya que son cuatro días los que nos quedan frente a la eternidad. No os desaniméis por favor. Y en definitiva sabéis que os veré con frecuencia, pero mucho más que estoy permanentemente con vosotros y Dios sabe como querría cargar con el desánimo y peso vuestro- siquiera sabiéndolo y pudiéndoos oír despacio- más que lo paséis vosotros.
En la primavera de 1965 muere su padre después de penosa y larga enfermedad, a María José no le es permitido por sus superioras acompañarle en ese momento. “Aunque me mate esperaré en Él, dice Job”, escribe María José a su madre.
Y por Navidad: “Que nos demos cuenta que el verdadero Cristianismo, el que nos ha de salvar en el momento de morir, es vivir en justicia y caridad con todos, en especial con el prójimo necesitado, que es Cristo en este mundo. “Tuve hambre y me diste de comer...”. Así se hará una verdadera paz en el mundo y en concreto en España y en el sitio que estamos. Pidamos mucho entender y cumplir el gran mandato de caridad que enseñó Cristo.” Por ella vemos que su llamada, ya cinco años antes de dejar el Instituto, era de “vivir en justicia y caridad... en España, en el sitio que estamos”, esta es su vocación que se va definiendo claramente. Por ella vemos que su llamada, ya cinco años antes de dejar el Instituto, era de vivir en justicia y caridad... en España, en el sitio que estamos”, esta es su vocación que se va definiendo claramente.
Fue época también de grandes sacrificios, de profundas experiencias espirituales. De un ascetismo que le conduce a la mística.
En agosto de 1967, estando de Ejercicios Espirituales en Gandía, escribe a su director espiritual el jesuita Ángel Rovira una expresiva carta con una conciencia muy viva de su unión con Cristo. Desbordada. Confiada plenamente. Dios en TODO. Presencia muy sentida de Cristo. Mucha luz y gusto en la meditación de la Encarnación, sobre el valor sagrado de todo. Día muy luminoso, facilidad en la oración… Gracias a chorros: Dios MAGNÍFICO, no se agota. Tarde de gran luz, contemplando a Cristo. Se mete en lo que el Señor le deja atisbar en el misterio de Cristo; acción del Espíritu Santo en cada uno y en el mundo. Todo por fin (la Iglesia y el Espíritu) diciendo: Ven Señor Jesús. Yo digo eso, digo “venga tu Reino”. Siente dos tendencias fuertes en la vida de oración, contemplando a Dios en todo en la solidaridad con su mundo, con su época, con sus hombres, con el “mundo de la POBREZA”, y de la injusticia social). Quiere AMAR a Dios con la cabeza, con el corazón y voluntad, con el sentido estético, con todo.
La correspondencia de María José Sirera con su director espiritual produce asombro por las vivencias expresadas en ella y a la misma vez una sensación de ahogo, como si una tupida red de tensiones, incidencias cotidianas, exceso de trabajo y obstáculos para el desarrollo de lo que ella sentía tan claramente que era su camino se fuera tejiendo a su alrededor hasta casi asfixiarla; fuertes estructuras culturales y religiosas determinan el lenguaje de esta correspondencia y, lo que es más grave, lo expresado por este lenguaje. Pero el espíritu de María José saldrá finalmente vencedor y lúcido de todo ello, aún a costa de su propia vida, y poco antes de morir podrá escribir: “Ahora sé que todo vale mucho y nada…”
CONFLICTO DE CONCIENCIA. 1968.

En la primavera de 1968, unos meses más tarde de acceder al Doctorado en Historia, María José, debido al alto aprecio de que gozaba en el Instituto y de estar en posesión del título de Doctor Universitario exigido para ello, es nombrada directora del nuevo Colegio Mayor Azaila, que las Esclavas del Sagrado Corazón acaban de abrir en Zaragoza. Nada mejor que la carta que escribe al P. Rovira el 7 de agosto de 1968 y la correspondencia que mantiene con él y con la madre General en el verano de 1970 podrá mostrarnos el conflicto interior que se le plantea, a ella que tan clara sentía la vocación de pobreza y de servicio a los más pobres. La lucha será grande, pero María José la llevará a cabo siempre con alegría y con sentido del humor. “Claro, yo sé que ni un pelo se me cae sin que Dios lo permita. Pero permitiéndolo Dios por sus incomprensibles caminos, me pueden arrancar la cabellera entera”.
El Colegio Mayor Azaila un edificio amplio y moderno, cuya construcción había generado una fuerte deuda que había de costearse en gran parte con las altas pensiones que las residentes debían pagar y que sólo estaban al alcance de ciertas economías, era considerado en los medios universitarios lujoso, para una clase privilegiada.
Como directora del Colegio Mayor lleva a cabo un gran número de actividades: no solo las propias de la dirección, como atención a las frecuentes visitas de padres de las alumnas, contactos con la Universidad y con algunos de los profesores, sino también la organización y asistencia a seminarios tanto de su propio centro como de otros Colegios Mayores, reuniones con sus directores, y la tutoría de alumnas a las que dedicaba gran atención y de las que recibía admiración y simpatías. Actividades que llevaba a cabo a costa de horas de descanso y sueño.
Acaba de tener lugar la revolución de Mayo en París y María José, por su nuevo trabajo de Directora de un Colegio Mayor universitario, se va a ver inmersa en un mundo que está viviendo las enormes influencias y consecuencias que despertaron dichos hechos en nuestro país. En esos momentos en la Universidad de Zaragoza se vive un fuerte ambiente de protesta contra el régimen franquista. Ella tenía buena acogida entre los universitarios, que conocían su tesis doctoral y la felicitaban por ella, y se ve envuelta en algún problema por intentar ayudar a un grupo de alumnos que eran acusados de cierta actuación pública en la Facultad, en la protesta causada por la expulsión de ésta del profesor de Derecho Político Ramón Sainz de Varanda, luego primer alcalde socialista de Zaragoza, los alumnos llegan a tirar al agua de un estanque al Dr. Usón, catedrático de Química Inorgánica. María José cubre la coartada del estudiante que fue acusado de hacerlo, lo cual da origen a que el Rector se enoje con ella, y que sus quejas al Obispado lleguen a su Superiora, provocando ciertas tensiones entre ellas. A estas tensiones también contribuye el apoyo que encuentra una huelga que tiene lugar en la fábrica BALAY entre las universitarias del Colegio Mayor, que despliegan una pancarta alusiva en el vestíbulo, lo que ocasiona un pequeño conflicto pues una de las religiosas del centro es hermana de los propietarios, que dan una queja. Cuando en 1969, y como protesta por el estado de excepción, hay un “encierro” en la Iglesia del Salvador, en el centro de Zaragoza, ella participa en la intendencia.
María José, en carta a Ángel Rovira fechada en Híjar el 30 de julio de 1970, explica algo de cómo fueron sus últimos tiempos en el Colegio Mayor y de su relación con sus amigos universitarios: “ya desde el jaleo de la huelga de Balay, cuando se veía que el Rector de la Universidad no me quitaba ojo y algunas intuían que no serían las demás ACI (Esclavas del Sagrado Corazón) del Colegio Mayor quienes estuvieran a mi lado, distintas personas- entre ellas varios Directores de Colegios Mayores- me preguntaban cómo iba a llevar el Colegio Mayor, qué otro tipo de Colegio Mayor concebía yo, etc. Contesté que por poco que pudiera dejaría la obra Colegio Mayor. Luego cuando vino la Madre General y oyeron sus puntos de vista, muchas chicas intuyeron un problema profundo. Al cabo de unos días dije a todo el Colegio reunido que dimitía y que aunque había estado contentísima conviviendo con ellas, creía que debía poner mi vida al servicio de otras personas que carecían de medios culturales, materiales, etc. y que me necesitaban más que ellas. Eso fue exactamente lo que dije: se corrió en seguida por todas partes y se le dieron las interpretaciones más diversas (querían regalarme una moto Vespino, para mi trabajo en un barrio; por fin me compraron un magnetofón con radio, etc. que he dejado en el Picarral). Tuve visitas de todos los grupos de gente más divergente. A la pregunta sobre mi destino o tipo de trabajo futuro, decía que lo pensaría en uno Ejercicios largos que iba a hacer y que tenía varias cosas que proponerle a nuestra General, etc. Mi amistad con ellas y ellos es sincera, pero la verdad yo siempre me trasluzco poco, a no ser como en este caso cuando me preguntaban y temía desconcertar o hacer daño, o que no supieran ver un por qué razonable de lo que yo hiciera (ya que éstas tenían una confianza enorme en mis opiniones, mi modo de ver el cristianismo, etc.)
Intentó promover entre los universitarios no sólo el ideal de un cristianismo comprometido sino también concienciarlos cívicamente, como puede verse tanto en sus cartas a A. Rovira en 1970, como en sus respuestas en la entrevista que le hizo Milagros Heredero en el “Heraldo de Aragón” el 10 de abril del mismo año: “Que los universitarios tomen conciencia plena de que la enseñanza universitaria está tributada por todos los españoles, que ellos son deudores por lo tanto y que tienen la viva responsabilidad social de cumplir. De lo contrario lo que hacen es un fraude social. Su formación es una tarea nacional. Si la gente se percata de esto se crea un clima de trabajo, de seriedad, de autoformación, que es lo deseable.” También prepara cambios profundos en el Colegio Mayor: “Tengo pensado incorporar un grupo de chicas que vayan turnándose en la dirección del colegio.”
A través de un grupo de estudiantes había entrado en contacto con el barrio de El Picarral y con la comunidad de jesuitas obreros que llevaba allí la Parroquia de Belén, queda entusiasmada por la idea de conseguir una experiencia similar desde su Instituto, las Esclavas, y de dar testimonio de Jesucristo siendo monja obrera trabajando en una fábrica Puesto que el problema que ella se plantea es: ¿Qué hago yo dirigiendo un colegio para elites como éste? Cuando volvía del Picarral de reunirse con los jesuitas obreros que trabajaban allí le comentaba a su secretaria: “vuelvo oxigenada”, “se me abre el corazón”, “daría la piel por ser jesuita”. Pero ella nunca deja de cumplir con todas sus obligaciones como Directora del Colegio Mayor Azaila, hasta el final, hasta su salida del Instituto aún teniendo ya problemas de salud, que le producen importantes malestares físicos.
DE INTENTOS DE REFORMA A SALIDA DEL INSTITUTO. 1969-1970.
María José Sirera Oliag intentó hacer una reforma del Instituto de las Esclavas del Sagrado Corazón, como se ve claramente a través de su correspondencia con Superioras del Instituto, con la Madre General y con su director espiritual. Ya lo había intentado antes insistiendo ante la Madre General, primero en una carta de 5 de febrero de 1966 y en la visita que hace a ésta en Roma en el verano de 1968, así como aportando ideas y ponencias en la Congregación Provincial de agosto de 1968 y en la General de 1969, trabajando para que su Instituto se incorporara plenamente a las nuevas tendencias de la Iglesia tras el Concilio Vaticano II, tan esperanzadoramente inspirado por el Papa Juan XXIII.
La Iglesia en el Concilio se había planteado su situación en el mundo. Encíclicas tan importantes como la “Gaudium in Spes” demandan un “aggiornamento”, impelen a sus miembros a una vida de generosidad, según el Evangelio, un Evangelio visto desde los pobres. Éste es el camino que María José escoge, un camino duro e incomprendido, en el que cobra su mayor importancia su vida interior, reflejada además en sus gestos, en sus escritos y poesías, que nos muestran su camino escondido, que nos deja una senda de espiritualidad.
Su ideal es poder realizar una misión obrera, dar testimonio de Cristo en el mundo obrero desde dentro de ese mismo mundo obrero, a la manera como lo hizo Jesús de Nazaret, ésta era la llamada que tan claramente percibía en oración, llamada para ella irrenunciable, el 25 de julio de 1970 escribe a la Madre General: “y perdone la espontaneidad, prefiero que la carta vaya así: bendito el Señor, porque yo no puedo vivir sin orar. Pero no puedo orar, y a la vez no plantearme esto: orar y seguir sin realizarlo.”
Le urge hacer lo que siente que Dios le pide, prescindiendo incluso de su propia salud, que ya había empezado a dar señales de alerta. Ella prefería hacerlo desde su Instituto, sin dejar de ser monja, sin dejar de ser Esclava. Por ello intenta convencer a la Madre General para que le permita hacer la experiencia de la misión obrera. Esta idea, “ser religiosa obrera, integrada en la misión obrera por razón del Evangelio”, se la propone a la M. General primero personalmente, luego por escrito, idea que le es rechazada. María José insiste pidiendo que se lo deje probar un año, un permiso especial de un año, se le niega. Vuelve a insistir, esta vez pidiendo la prueba de un año de exclaustración, tampoco se le aceptará. Insiste otra vez, le han hablado de la posibilidad de que el Instituto le conceda el Permiso de Ausencia igualmente por un año, y se le contesta que, si quiere realizar esa experiencia, tendrá que abandonar definitivamente el Instituto.
La salida de María José de las Esclavas causó impacto en todo el Instituto y en Zaragoza, por ser ya ella muy conocida y popular en diversos medios de la ciudad.
Sale con el corazón roto, con temor y confianza a la vez, con idéntico espíritu con que entró en el Noviciado.
María José había visto claramente y desde hacía muchos años que eran necesarios cambios profundos en la sociedad de su país de acuerdo con el espíritu de Cristo y de la Iglesia del Concilio Vaticano II, quiso trabajar en ello, quiso trabajar por una sociedad más justa, incluso cambiar las estructuras de esa sociedad desde dentro de su Instituto, pero sus Superioras, puede pensarse que temiendo tal situación, en aquel momento prefirieron, aún siendo conscientes de su gran valía, que abandonara el Instituto antes que asumir ningún riesgo.
La postura de María José podría ser paradigmática de toda una generación de religiosos, que en su momento habían entregado su vida a un ideal de imitación de Cristo, de pobreza y de abnegación, y que ante las reformas eclesiales impulsadas por el Concilio Vaticano II, y por los grandes cambios mentales y culturales del momento, vieron sus Institutos desfasados, dispuestos por el momento sólo a reformas superficiales. De hecho a finales de los años sesenta y durante los setenta salieron de los Institutos de la Iglesia multitud de sus miembros. Ciertamente tuvo lugar un tanteo, tanto en Instituciones de la Iglesia, como en muchos de sus miembros, entre ellos María José, de una búsqueda dolorosa de seguimiento del espíritu del Concilio.
Pero la experiencia de Mará José tiene como uno de sus aspectos de mayor interés el que la creemos única: nadie nos ha podido hablar de otro caso de religiosa que, por fidelidad a su conciencia y a lo que piensa que ha de ser la nueva Iglesia, auspiciada por el Concilio Vaticano II, salga del convento para ir a trabajar como obrera y en solitario, a dar testimonio de Cristo comprometiéndose radicalmente. Y lo hace hasta el límite de sus fuerzas, hasta quebrarse en su salud. También es exponente de la enorme dificultad que esta opción representa.
Ser fiel a Dios y a sí misma, a su conciencia, la han hecho libre, pero será una libertad en soledad. Ella no buscaba la libertad, la encontró y le llevo a la soledad espiritual como a tantos otros que eligieron la fidelidad.
Ella encarnó su vocación de trabajar en ayudar a los más pobres, aquí y ahora, vocación que sentía desde hacía más de diez años, en El Picarral, barrio obrero y pobre de Zaragoza.
OBRERA EN EL PICARRAL. 1970-1974.
María José llegó a mediados de octubre de 1970 a El Picarral, en aquellos momentos más un arrabal que un barrio, con problemas medioambientales de humedad y polución, casas sin acondicionar, carente de servicios sociales y culturales, de comunicaciones, de un urbanismo digno.
Su primera noche allí, el 11 de octubre de 1970, aconsejada por amigos jesuítas obreros, la pasa con un grupo de monjas, vecinas de estos. Unos y otros vivían en unas casitas muy pobres, contiguas a la Parroquia de Belén, un humilde edificio, que estaba a cargo del grupo de jesuitas. Pero sólo pasará allí tres o cuatro noches y se va a vivir de pensión en casa de una familia obrera. Meses más tarde, con la devolución de la dote pagada por sus padres cuando entró en el convento dieciocho años antes, cincuenta mil pesetas, y con el aval del presidente de la Asociación de Vecinos, compra un humildísimo piso en la calle Anzánigo nº 4. Piso tan pobre que ni siquiera dispone de una ducha, que sólo instalará más tarde con la ayuda de sus compañeros de la comunidad cristiana de base. Esta casa siempre estuvo abierta al que la necesitó.
Empieza a trabajar como obrera el 15 de octubre de 1970, lo hace en la empresa de limpiezas RINI. Limpiará en cines y en la Universidad Laboral. Unos meses más tarde encuentra trabajo en CAYTASA, una importante fábrica de tejidos para el hogar, situada en el mismo barrio.
A los pocos días de llegar al Picarral le escribe a su hermano Javier:
“Ayer recibí tu carta y me emocioné mucho. No sabes lo que te agradezco esa carta, Javier, y lo que me ha CONFORTADO. No dudo de mi planteamiento de vida, pero puesto que es difícil, me ayuda mucho sentirme comprendida, y más si esto procede de los que más quiero.
Como sabes, me ha decidido, y tú lo explicas muy bien, un motivo religioso. Sí, Javier, ése me sostiene. Lo cual no quiere decir que no tenga horas más o menos malas, pero en mí se cumple, gracias a Dios, aquello del Evangelio que llama bienaventurados a los que están dispuestos a peder su vida. Mi paz es grande. Desearía que mamá no sufriera, pero quién puede impedir eso que es tan lógico!
Y a su amiga de colegio:
“Sí, he pensado mucho, he orado mucho, he vivido distintos trabajos y experiencias. y desde hace mucho tiempo deseaba meterme en el “mundo de los pobres” y ahí luchar y anunciar el Evangelio de Cristo que se hizo pobre y obrero.
Difícil de realizar, difícil incluso de comprender. Desde luego, terreno muchas veces resbaladizo. Después de mis Ejercicios largos y ante la imposibilidad de vivir algo de eso en las Esclavas, pedí y obtuve la secularización. Mis motivaciones al “entrar” y luego al hacer esto, creo que sustancialmente no han cambiado. Te pido que ORES un poco por mí y por el mundo en que me he metido. Yo no os olvido.
Tengo paz y alegría. Espero mucho, espero en Dios desde luego, no en un milagro humano, aunque sí en el esfuerzo de todos.
A principios de 1973 vuelve a escribirle: “Para mí toda esta vida ha sido una extraordinaria revelación de Cristo, que es salvación y justicia dada a los hombres. Una lectura del Evangelio desde el trabajo y la pobreza no la cambio por nada, es la verdad de lo que siento. Comprendo otros modos de ser y estar. Creo que también ellos han de revisarse desde el Evangelio si quieren ser aceptados por Dios como cristianos, en aquel día, el último del Juicio ¿Te acuerdas del Evangelio de Mateo, capítulo 25? Ahí caben pocas justificaciones.
Hemos de hacer una fraternidad verdadera entre todos.
No vale contar mis cosas como si fueran algo del otro jueves cuando son lo más corriente del mundo y algo que responde a mis deseos y vocación desde siempre, desde que tú me conoces en el Colegio. Claro, que como nos suele ocurrir, hasta acercarme a realizarlo ha sido largo el camino y por supuesto cada etapa ha sido buena y no me pesa haberla recorrido.”
María José tendrá tres centros de actividad en El Picarral: la fábrica donde trabaja, la Asociación de vecinos y la comunidad de base que dirigen jesuitas obreros. Su actividad llegará a ser agotadora pues en los tres frentes se entrega a fondo, dando siempre testimonio de un cristianismo consecuente, comprometido. Uno de los entonces jesuitas obrero promotor de una escuela de adultos en la que María José colaboró dice de ella: “Se apuntaba a todas, era humanamente ejemplar”. Su obsesión era la cultura de los trabajadores: “Por la cultura se emancipará el mundo obrero”, repetía frecuentemente.
En uno de sus currículum ella hace un breve resumen de estos años:
“Desde octubre de 1970 a diciembre de 1973 trabajé manualmente, dos meses en una empresa de limpieza y tres en una gran fábrica textil, en Zaragoza, mientras que el tiempo disponible promovía en mi barrio diversas iniciativas culturales. En este sentido, comenzó a funcionar una guardería, unos ciclos de conferencias para jóvenes y luego unos cursos- organizados por un grupo numeroso de licenciados- para obtener el título de “graduado escolar”.
Por motivos de salud dejé el trabajo en la fábrica dedicando entonces mayor atención a las actividades antedichas.
En setiembre de 1974 acepté estar al frente de una escuela unitaria de E.G.B. en La Zaida-pueblo (Zaragoza), permaneciendo en este trabajo todo el curso y también el verano para tratar de recuperar el atraso de algunos alumnos.
En Octubre de 1975 sólo acepté clases en el “graduado escolar” y decidí preparar unas oposiciones. En diciembre de ese año graves problemas familiares y problemas serios de salud me obligaron a trasladarme definitivamente a Valencia, donde he permanecido en paro, buscando trabajos ocasionales ajenos a la carrera (de Historia), y estudiando en la medida de lo posible, sin conseguir la ocupación adecuada”.
En El Picarral además del horario laboral habitual, de ocho horas, se ocupaba de tareas culturales y sociales en dos parroquias y de la actividad política clandestina, con reuniones que solían acabar a las once de la noche, para comenzar el trabajo en la fábrica a las cinco de la mañana. Ganaba cuatro mil pesetas al mes, justo para subsistir. Pone en marcha la guardería de la Parroquia de Belén, y también allí, un grupo de cultura para jóvenes. Trabaja intensamente en la cultura de jóvenes obreros De hecho son ella y otro jesuita obrero quienes ponen las bases de todo el movimiento cultural de barrio. Era conocida por su entrega y capacidad.
Aunque fue líder en la fábrica, nunca fue seguidora de consignas. Con su gran sentido del humor bromeaba con un buen amigo: “antes monja que del P.C.”. Cuando los sindicatos se politizan los mantiene a raya en la fábrica, permitiendo a los enlaces sindicales hacer sólo de portavoces de los trabajadores, no aceptando órdenes. A pesar de ello mantuvo muy buena relación y una fácil comunicación con el líder de CCOO de Aragón, quien ya la había conocido de monja y estuvo varias veces en su casa tomando café, y que nos la define como una persona simpatiquísima, no sólo inteligente sino esencialmente buena y preocupada por los problemas sociales y las libertades democráticas y sindicales, y que le dijo que había salido del convento porque su conciencia no le permitía permanecer allí.
Políticamente ella estaba por los Consejos Obreros en los centros de trabajo (consejos autónomos), las llamadas Plataformas Anticapitalistas, cuya lucha se llevaba a cabo a través de las solución inmediata de los problemas: en las reuniones se defendían derechos legales de los trabajadores, como horarios, descansos, que los autocares, de neumáticos desgastados, que recogían a jovencísimas obreras por pueblos cercanos de madrugada, estuvieran en buen estado; estaban en contra de las horas extraordinarias, aunque eran deseadas por muchos trabajadores, etc. Estas plataformas se unieron más adelante al movimiento llamado Larga Marcha.
Se reunían tras un pequeño descanso a la salida del trabajo, a veces en casa de María José, se analizaba la situación, se recogía datos y se proponían tareas, se hacía una autocrítica del trabajo social y político hecho por ellos, se tenían contactos con comisiones de otras empresas y se programaban labores de captación. María José en estas reuniones se mostraba realista y zumbona, podía hacer críticas demoledoras.
Siempre fue contraria a una acción armada o a una violencia programada. No dejó de dar testimonio de su ideal: en los comités, a veces cortaba a un compañero diciéndole: “Eso no te lo admito ni política, ni humana, ni cristianamente”. En la fábrica tuvo una relación profunda con las otras mujeres, que le hacían sus confidencias, y ella les aconsejaba en asuntos a veces muy íntimos. Algunos hombres la temían, pues a menudo con un comentario burlón o una simple carcajada era capaz e poner en evidencia cualquier cosa.
Se movía hábilmente en la clandestinidad por los buenos contactos que tenía no sólo en la comunidad cristiana de Zaragoza sino también en ambientes intelectuales. Organizaba acciones y reuniones, como en cierta ocasión una asamblea de la fábrica en un local de Acción Católica en pleno centro de Zaragoza, a la que asistieron unas ochenta personas. En 1973 hubo graves acontecimientos en Vitoria, hubo muertos y se escondió a gente. Todo ello comportaba un alto riesgo en aquellos últimos años de la dictadura, en los que compañeros y amigos eran detenidos y torturados. La policía la marcaba de cerca. Pero ella era valiente, si había que hacer algo no se echaba atrás, por lo que no tardó en ser sancionada el la fábrica, primero aislada en una nave con otras tres compañeras, también comprometidas en otras opciones políticas; finalmente quedaría ella sola doblando servilletas en una nave extremadamente fría en invierno y calurosa en verano, de pie, algo especialmente penoso para ella debido a su sobrepeso, y que fue determinante en un proceso reumático, que le provocó frecuentes caídas.
Un compañero de fábrica y de clandestinidad dice: “María José fue pionera e incomprendida en El Picarral, estaba más comprometida y era superior intelectualmente que otras personas de su entorno. Su ideal eran los primeros padres de la Iglesia, a los que citaba a menudo. Le comentaba que a los cristianos les faltaba dinamismo y compromiso. Ella era muy radical, un bastión de la izquierda en la Zaragoza de los 70, posiblemente la líder del movimiento de izquierdas, con una enorme efectividad de acción, debido tanto a su inteligencia, no dejaba cabos sueltos, como a sus relaciones. Además de tener gran capacidad organizativa, era lúcida y valiente.”
En la Asociación de Vecinos, en la que coincidía con otros compañeros de la comunidad cristiana de base, luchaban por la mejora de las condiciones del barrio: servicios, comunicaciones, asfaltado, etc..
En la comunidad cristiana de base de la Parroquia de Belén también tiene parte activa e intenta insuflar en ella un cristianismo más comprometido, radical y abierto.
María José sentía gran admiración por el líder de los jesuitas obreros que llevaban la Parroquia de Belén, con el que había puesto en marcha el movimiento social y cultural del barrio, pues ambos eran personas de acción. Él, en agosto de 1973, meses después de haber sido despedido de una fábrica textil, estando en el paro y en listas negras de las empresas, decide salir de los jesuitas y casarse. Todos piensan que lo haría con María José, pero no es así: se casa con una de las monjas que la acogieron en su primera noche en El Picarral. Ella con total generosidad le pide 200.000 pesetas a su madre par dárselas a él para que pueda comprase un piso donde vivir con su mujer. La deserción de su líder la decepciona y su soledad aumenta.
Como apunta Mercedes Vilanova: “Lo que María José sintió en el Picarral, aunque hay muchos documentos destruidos por temor a la represión franquista, lo ha dejado dicho esbozado en sus poesías. La obra poética de María José caló muy a fondo. Especialmente dos poesías resumen con fuerza su vivencia obrera en El Picarral. La primera que tituló “Fábrica”, la escribe en 1972 y la empieza brutalmente afirmando la dureza desnuda del trabajo obrero:
“Somos animales, amigo, perfectamente amaestrados, /Tocan la sirena, comenzamos a funcionar como muñecos mecánicos.”
Para María José trabajar en CAYTASA fue durísimo, como desesperanzador fue el comprobar cómo era el mundo obrero que hasta cierto punto había idealizado. Los que vieron a María José durante esos años con frecuencia nos han hablado de su soledad, siendo una mujer de elite y una líder llega a clamar en su poesía:
“Los otros no cuentan. Yo no cuento. No puedo bajar el ritmo./ No puedo hablar. Pocas explicaciones. Adelante, seguir. Rendir. Las balas de algodón se caen, se terminan, y anudamos nuevamente.”
Y concluye el poema:
“Hasta que por fin suena la sirena./ Y corremos rápidos. No nos miramos,/ Vamos afuera a poder decir “no”, a la libertad. Saludar, correr, expresar amor. / Ahora, amigo mío, somos.”
En otra poesía también extraordinaria titulada “Música” descubrimos otras razones de su opción por El Picarral, pues no vino aquí para comprobar únicamente cual era la cotidianidad obrera, sino porque estaba convencida de que el progreso y la aceleración de la historia pasaban, precisamente, por encarnarse en el mundo obrero. Lo expresa con sencillez en ese poema: “Música de fábrica para danzar a destajo/ delante de los poderoso. Con música de fábrica saltamos, para acelerar la historia, / y darle un giro de 40, 90, 180 grados. / Dancemos deprisa, dancemos al ritmo del futuro.”
No vino pues a El Picarral para confundirse o perderse en el mundo obrero, vino aquí para acelerar la historia porque fue una mujer de futuro: “¡Música, poderosa música! / Mañana mi música será la música del mundo. / Pero entonces nadie caerá bailando, / nuestro arte habrá vencido toda burla / y no habrá danzas de malditos a sueldo. / La música de fábrica, hermanos será música de HOMBRES””
“Era la columna vertebral, era una líder que podía ser dura como una piedra. De gran capacidad humana y mental, podía llorar, pero mostraba autonomía, parecía no necesitar ayuda”. Así nos la describe un amigo suyo de El Picarral. También “muy cercana e inabordable. Inagotable siempre capaz de encontrar algo debajo de lo más profundo. Un misticismo que era más manantial que luz. Una María José que se agarraba a aprovechar lo mejor de las personas.” Muchos se definen como sus amigos más cercanos, pero casi todos nos hablan de su gran soledad allí.
Ella que tuvo obsesión por la cultura de los jóvenes obreros y solía decir: “Los pobres se liberarán cuando tengan cultura”,y que en su tesis de licenciatura “Obreros en Barcelona 1900-1910” escribe: “las estructuras sociales y económicas de un mundo en “panne” son una realidad honda que impone la urgencia de de reparaciones totales…” pronto verificó que la mayoría de sus compañeros de trabajo y de barrio no deseaban grandes cambios, justicia y solidaridad, cultura…, las aspiraciones eran otras: horas extraordinarias (olvidando la reivindicación obrera tradicional de la jornada de ocho horas), una moto, un pequeño coche o la parcela. Esto la decepcionaba. Ella y sus compañeros de lucha política estaba, y se sentían, desprestigiados.
Si en 1972 se mostraba contenta, animosa, con mucha ansia, muchas ganas de acción: se podía todo, no se dormía, hacia 1973 empieza a mostrarse desilusionada, busca y no sabe qué hacer. Desea reflexionar para ver mejor, y para ello se irá unos días de retiro a su querida montaña de Montserrat, en febrero de 1974. El mismo año abandonará la actividad revolucionaria, aunque colabore en la organización de alguna reunión en determinado momento, y se dedicará a la enseñanza de nuevo, pero esta vez no desde una institución y para clases privilegiadas, sino organizada desde abajo, desde el pueblo, en La Zaida (Zaragoza). Para los que les gusten las definiciones podría decirse que había sido una marxista libertaria o una libertaria marxista, quizá una troskista asamblearia.
Profundamente creyente, con el paso del tiempo no encontró con quien vivir o compartir su experiencia espiritual, persona de grandes necesidades afectivas y religiosas, vivió allí una gran soledad., no se sintió acogida por el barrio y cuando se fue de Zaragoza se sentía apartada a causa de los problemas existentes allí; de hecho casi todos los testimonios nos han hablado de tensiones en el barrio, dentro de las mismas comunidades y de éstas entre sí, de luchas de poder y de una gran crisis en El Picarral a partir de 1973.
María José, por motivos de salud, de trabajo y afectivos, acaba agotada.
MAESTRA EN LA ZAIDA 1974-1975.
Despedida de la fábrica en diciembre de 1973, a partir de octubre de 1974 y hasta el otoño siguiente dirige una escuela rural en La Zaida, un pequeñísimo pueblo a unos treinta kilómetros de Zaragoza, “tierras de secano, azotadas por el viento helado durante muchos meses, ardientes en verano”, donde dará clases de EGB y recuperaciones, preocupada siempre por los niños.
Condicionada por una serie de circunstancias, María José ha vuelto a sus orígenes, al mundo de la docencia.
Con su llegada como maestra a la escuela de La Zaida, las cosas cambiaron para aquellos niños: se les consideró personas y también se les daría responsabilidad, ya no volvieron a pegarles allí y se les ayudaba a ver lo esencial de lo que tenían que saber. Intentaron enseñarles a estudiar, les indicaron cómo debían subrayar sus libros, y los que entonces eran los mayorcitos recuerdan que les habló de la Marcha Verde sobre el Sahara, que tuvo lugar en aquellos momentos y que les hablaba de sexualidad.
Si había que ayudar a algún niño, al que le costaba más estudiar o debía preparar exámenes María José le dedicaba su tiempo, le animaba a tener seguridad en sí mismo o le daba clases particulares casi siempre de forma desinteresada. Los padres eran agradecidos y a veces la obsequiaban con conejos y otros productos alimenticios que ella compartía con la familia con quien estaba de pensión, familia que la recuerda bien y que mantuvo amistad de años con ella. Vivían justo enfrente de la escuela, dicen que estaba mucho en casa, escribía o estudiaba sola en una habitación, o charlaba con sus alumnas en la puerta de casa. Recuerdan que María José a mediados de mes se quedaba sin dinero porque lo daba todo. Vivía pobre y lo daba todo. Si su patrona se encontraba mal ella le decía: “Ya limpio yo”, cogía la escoba y se ponía a barrer. La hija visitó a María José en su piso de El Picarral y se asombró de su pobreza, un piso lleno de gente, donde no se cerraba la puerta, dice que había hasta vagabundos.
También la conoció bien la entonces joven maestra de la escuela del Patronato de Peróxidos, la gran fábrica de la que prácticamente vivirá el pueblo y que evitó la emigración, a quien a veces pedía consejo pues la consideraba competente y con experiencia en los problemas de aquellos alumnos. Ésta, también era vecina suya y conectó bien con ella, admiraba su generosidad, la encontraba una persona espléndida, desprendida, dada a los demás, siempre dispuesta a ayudar a los otros, en especial a los más débiles. Sabía que sus ideas eran de izquierda, conectadas con un Cristianismo de la Liberación, aunque era muy discreta y en La Zaida no tuvo actividad política. Dice que tenía “un algo”, un carisma, que más que una profesional de la enseñanza era una Maestra. Afirma que a ella la impactó.
Sus exalumnos cuentan, agradecidos, que María José les compró de su dinero equipos de fútbol y así pudieron jugar luciendo las camisetas de su equipo, y recuerdan con ilusión y divertidos la excursión que organizó con los niños de nueve años en adelante para visitar Madrid, Toledo y el Valle de los Caídos, toda una aventura para aquellos niños, para muchos de los cuales era su primera salida del pueblo. En otra ocasión los llevó a visitar en Zaragoza el hoy desaparecido periódico “El Noticiero”. Sus clases eran amenas, en las excursiones por el campo se cantaba y se bailaba; las canciones unas veces eran infantiles, otras religiosas, otras de protesta, algunas de las que cantaba Labordeta. Las clases de Religión eran amenas, hermosas historias. Recuerdan que llevaba siempre una cruz colgada del cuello, cruz que a veces llevaba oculta en una bolsita, que es lo único que otros vieron. Veinticinco años más tarde de que ella hubiera sido su maestra todos sus alumnos la recordaban bien, algunos reconocieron incluso su letra, y nos hablaron de su entrega, su simpatía y su inteligencia. Algunos dicen que ella había marcado sus vidas.
Con el fin del curso 1974-1975 termina su labor en La Zaida, su contrato como maestra en la Escuela se había acabado, y se había resuelto el problema escolar después de muchas luchas y gestiones, y ser asignados maestros oficialmente, aunque ese verano ella aún continuó ocupándose de la recuperación de algunos alumnos.
Sus amigos de La Zaida sabían que María José vivía en El Picarla, arrabal de Zaragoza, en la margen izquierda del Ebro, que iba y venía en un SEAT 600 color butano, o en autostop, cuando éste no funcionaba, pero nada sabían de lo que había sido su vida allí, a donde durante aquel curso todavía volvía los fines de semana.
Ciertamente tanto La Zaida como María José vivieron juntos un momento importante de sus vidas. Para ésta es un punto de inflexión, de cambio, de reflexión, que lo vivió a tope, como siempre había hecho. Allí pudo vivir plenamente su ideal y fue feliz compartiendo con gente sencilla, esencialmente buena.
El 20 de noviembre de 1975, el día que murió Franco, yendo ella por una Zaragoza desierta, debido al reciente acontecimiento, encuentra a una ex compañera del Instituto de las Esclavas del Sagrado Corazón en la librería religiosa “El Manantial”, María José le habla de sus dificultades y de que desearía terminar el curso, en ese momento sólo continuaba dando clases en el centro de Graduado Escolar para adultos organizado por los jesuitas obreros de la Parroquia de La Almozara. Uno de los problemas era la falta de salud, suya y de su madre, y le comenta sonriendo: “Quizá lo mejor sea estar juntas y que pueda cuidarnos la misma persona”.
Pocos días después, el 18 de diciembre, muere repentinamente su hermano Javier, y los acontecimientos se precipitarán. Esta muerte acelera la vuelta de María José a Valencia, pero ya hemos visto que hubo otros importantes motivos: entre ellos la grave crisis en lo que fue su mundo en El Picarral. Con Javier también pierde a su gran amigo dentro de la familia. Todo será distinto a partir de ahora.
Cuantos la trataron mientras vivió en El Picarral coinciden en la gran soledad que caracterizó su vida allí. Soledad no deseada, ella hubiera querido hacer esta experiencia siendo miembro del Instituto de Las Esclavas de Sagrado Corazón. Soledad que nos muestra la gran dificultad de vivir un ideal sin formar parte de un grupo en el que tener un punto de apoyo. Soledad que sorprende, pues todos los testimonios nos hablan de ella como la recordamos: una persona simpática y generosa, también como abierta pero discreta y reservada, y cercana pero inabordable.
María José buscó un grupo en El Picarral, hubiera deseado encontrarlo para formar una comunidad de vida o de fe neomonacal, quizá en torno a la Parroquia, independientemente del estado civil o nivel de sus miembros. Pero no lo logró.
Fue grande el grado de radicalización que tuvo para sí misma y, se intuye, que también para los que hubieran podido acompañarle en su ideal. Una vida de austeridad, oración y entrega, con total identificación con los principios del Evangelio, hasta sus últimas consecuencias.
ÚLTIMOS AÑOS EN VALENCIA. MILITANCIA DE BASE EN EL PSOE Y SOLEDAD. 1976-1982.
Llega a Valencia gravemente enferma, y se agrava su enfermedad al poco de llegar. Está dos meses largos en cama, con una fuerte infección casi una septicemia, que al principio se le había tratado como si tuviera un simple cólico hepático, y mantuvo fiebre muy alta durante varios días. Durante todo este tiempo y cada vez con mayor frecuencia padece fuertes dolores de cabeza. En cualquier circunstancia de tensión, que no fueron escasas, se presentaban las migrañas, y casi habitualmente se despertaba de madrugada con ese dolor.
A pesar de sus serios problemas de salud, intenta encontrar un lugar en el sol. Quiere trabajar, desea un trabajo social, de servicio a los desheredados. Piensa que una manera de poder hacerlo es militando en el partido socialista, tan idealizado en los tiempos de estudiante, que se presenta en ese momento como esperanza de los pobres, y que acaba de ser legalizado. Se afilia al PSOE el 1 de junio de 1977, y provoca un drama familiar.
Políticamente su afiliación al PSOE, que en esos momentos en Valencia contaba sólo con cuatrocientos militantes, se podría ver como un paso desde una postura partidaria de una democracia social radical hacia un posibilismo histórico. En 1981 escribe en su diario: “No decir una cosa por otra, no ambicionar ningún cargo, ser libre. (Antes tal vez, menos libre, quería algo artificial: un obrerismo y una pobreza un tanto ficticios. Mejor intentar compartir lo bueno, nada de ambición, dar”. En el PSOE hace trabajo de base, aunque en algún momento no esté totalmente de acuerdo con algunos aspectos de la actuación del partido, como veremos por su diario, pero morirá perteneciendo a él y en el borrador de su testamento escribe: “Desearía que entregaran un lote de mis libros a una biblioteca popular (como la del Marítimo, C./ Barraca 85)”, o sea un centro del PSOE.
Su ilusión en ese momento es la enseñanza universitaria. Prepara y se presenta en diciembre de 1977 a oposiciones de adjunto de Cátedra en la Universidad, oposiciones que se mueven en un mundo complejo y de turbios entresijos, no lo logra. Más adelante intentará hacerlo a Cátedra de Instituto de Segunda Enseñanza, desistirá de ello a mediados de 1979. Y aún en 1981, un año antes de morir, solicitará una plaza de encargado de curso de Historia Moderna en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Barcelona, tampoco lo consigue en una época para María José de mucha inseguridad en el trabajo y de problemas económicos.
Durante los cursos 1979-1980 y 1980-1981 trabajó en la Sección Cultural del PSOE en el Puerto (en la Asociación Marítima del Puerto), en programas para adultos, poniendo en marcha plataformas culturales para estos, organizó por parte del Ayuntamiento y con cargo a una subvención, la extensión del servicio de “Educación Permanente de Adultos”, colaborando con el Centro de Enseñanza I de Cheste y el Ministerio de Educación. Por una carta de María José, fechada en marzo de 1982, dos meses antes de su muerte y estando ella ya gravemente enferma, tras un infarto de miocardio, dirigida al Concejal de Educación del Ayuntamiento de Valencia, vemos que, a pesar de habérsele prometido que tal actividad sería remunerada regularmente y que ella estaría protegida por la Seguridad Social, no fue así, es más incluso adelantó dinero de su propiedad. Se abonó a la familia la mitad de lo convenido después de muerta María José.
En cuanto a su actividad profesional colaboró en el libro “L’Autonomía del País Valencià i la seua aplicació pràctica” elaborado por las Cámaras de Comercio de la ciudad. En junio de 1977 obtuvo una beca de la Fundación Juan March para el trabajo “Las enseñanzas secundarias en el País Valenciano” que ofrece datos, recogidos sobre el terreno, hasta octubre de 1978. Consigue una aprobación de su trabajo y la publicación de un resumen en la serie de la Fundación Juan March de textos universitarios.
En abril de 1979, por encargo del partido y durante un mes aproximadamente, estudió en la Universidad de Lausanne (Suiza) la organización federalista de la Confederación Helvética.
En febrero y marzo de 1979 realizó un curso sobre la Comuidad Europea, organizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y patrocinado por la Consellería de Economía y Hacienda del País Valencià.
A pesar de tanto esfuerzo, no logró tener un trabajo estable y remunerado, lo que le angustia profundamente. Se siente aislad, sola. El cerco se va estrechando…
“Si los hombres están solos en un mundo hostil, deben unir sus desgracias comunes, cada individuo debe servir al prójimo hasta el sacrifico de sí miso.”(Albert Camus).
Con estas palabras de Camus, que escritas de puño y letra de de María José hemos encontrado en una libretita que fue su diario durante sus últimos años en Valencia, se podrían encabezar lo que fue la recta final de su vida. Quizá también podría hacerse con las del Evangelio: “Padre, aparta de mí este cáliz”. Esta última etapa de su vida es quizá la más dolorosa, y es en la que vive la Esperanza contra toda esperanza, el martirio, la soledad, la enfermedad, la incomprensión.
EN VALENCIA CON SU MADRE
En Valencia vivió pendiente de su madre, muy mayor, delicada de salud y sola. También su núcleo familiar se había desintegrado, con sus dos pilares de comprensión y apoyo, su padre y hermano mayor desaparecidos, y los otros hermanos casados y ocupados en lo suyo. La situación de la familia había cambiado a causa de la muerte de su padre, de la crisis económica, etc. Por otras causas se ven obligados a mudarse desde el gran piso en una finca señorial en el centro de Valencia a unos apartamentos de un bloque e las afueras, donde María José ocupará un pequeño piso y su madre otro, en la misma escalera. Es imaginable el contraste de mentalidad con el reencontrado entorno familiar y de antiguas amistades, la Valencia de la clase alta más conservadora. El choque y el sufrimiento es atroz. Ella continúa vistiendo tan sencillamente como en El Picarral, y firme en su ideal de amor, pobreza y solidaridad. No será aceptada. Ni se le admitió su compromiso con el PSOE (después de su muerte se quemará, en una finca de la familia, su carnet de afiliada, junto con un montón de su libros “políticamente incorrectos”, unos por su contenido marxista y otros considerados poco adecuados por quien los seleccionó, un religioso, antes de ser entregados, como ella pedía en su testamento, a una biblioteca del partido.
Tal era su dolor que en su diario escribe: “Tengo miedo de eso, desierto, cárcel, muerte, burla…”, “Estoy tan sola que no deseo ir a hacer un ´retiro´ sino tener compañía en la Fe”, “Soledad hoy porvenir de más soledad”, “La soledad, Señor; me ahoga”, “Qué sabrán de un tajo, de ocho horas en una labor, de los destajos (como en una anticuada CAYTASA, no digo ahora en empresas supertécnicas) de los traslados en metro, en autobús, de los dolores y enfermedades del trabajo”, “Me he sentido tantas veces como el ´patito feo´.”, “Oh Dios, no tengo a nadie en el mundo, pero cómo desearía irme, no sentirme tan aprisionada aquí”, “casi me parece que estoy de sobras y es duro”, la hacen sentirse “algo menos que un mueble”.
Un año antes de morir decía: “El MAR: todo, todo lo creado. Cuánto lo amo. Y no obstante dispuesta a morir. Será mi gran, mi definitivo día, el fin de una búsqueda incesante”.
En febrero de 1982, tiene cuarenta y siete años, sufre un infarto agudo de miocardio, del que sale muy afectada:
Días más tarde se le diagnostica un aneurisma ventricular y, después de varias consultas, se decide que irá a operarse a Suiza. Los medios económicos son escasos y muchas las incertidumbres. Si no fue aceptada en el entorno familiar por sus ideas y talante, de los que nunca claudicó, lo que dio lugar a frecuentes discusiones y a un ambiente de tensión, también es cierto que en momentos críticos como el de su última enfermedad su familia se volcó en ayudarla. Tendría que acompañarle su hermana Maruchi, pero no se llega a tiempo. El infarto se repite estando sola con su madre. Esta vez es definitivo. Es el 13 de mayo de 1982. Acababa de escribir en un borrador de testamento:
“En estos momentos, confío mi vida a la misericordia de Dios aceptando con amor cuánto disponga sobre mí. Doy gracias al Padre por Cristo y en el Espíritu por toda mi vida y mi muerte. Agradezco a mi familia, a los amigos y a una gran multitud de personas el cariño y la estima de que me han rodeado y les pido perdón por mis egoísmos, falta de atención e interés o rudeza que he podido mostrarles.
Ruego a Dios que bendiga a los que amo, a mi patria y que los pobres, explotados y marginados vean cambiar sus situaciones por la justicia y la solidaridad, objetivos a los que he deseado entregar todas mis fuerzas”.
Maria Julia de Eguillor


BIBLIOGRAFÍA
Mª Julia de Eguillor: “Fidelidad y Libertad. María José Sirera Oliag. Vida y Antología”. Editan Ayuntamiento de La Zaida y Diputación de Zaragoza, 2000.
(El libro puede adquirirse dirigiéndose a Apartado de Correos: AP 30.049 -08080 Barcelona. España. O Ayuntamiento de La Zaida-Plaza Portal nº 1. La Zaida (Zaragoza). enviando el importe del franqueo en sellos. O lazaida@retemail.es O mjuliaeguillor@hotmail.com ).